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Hace mucho tiempo, en el reino de Persia, hubo un poderoso rey llamado Asuero. Su reino era tan inmenso que se extendía desde la India hasta Etiopía. Asuero era el rey más importante del mundo.<br/>Ya que el rey era tan poderoso, podía hacer lo que quería. En el tercer año <br/>de su reinado, celebró una fiesta en su palacio de Susa, la capital, adonde acudieron los príncipes y los líderes de Persia.<br/>¡Los príncipes estaban entusiasmados! Habían oído hablar sobre las maravillosas fiestas del rey. Montaron en sus caballos y galoparon hasta Susa para comer y beber con el monarca.<br/>El rey quería exhibir ante todos su enorme riqueza. Hizo servir a los príncipes manjares deliciosos, los alojó en los mejores aposentos y les proporcionó diversiones inolvidables. Los músicos tocaron sus instrumentos y todos cantaron, bailaron y bebieron de copas repujadas con magníficas joyas. – Número de diapositiva 1
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Cuando la fiesta concluyó, el rey Asuero organizó otra para los habitantes <br/>de Susa. Durante siete días, la música resonó en la ciudad y los lugareños comieron y bebieron hasta reventar.<br/>En el séptimo día de celebración, estando el rey borracho, hizo llegar un mensaje a su bella hermosa, la reina Vasti: “Ven a verme y no olvides tu corona real”. <br/>Pero Vasti se negó a presentarse ante el rey. “No” repuso. “Esto no está bien, no iré” El rey se enfureció. “¿Cómo puedo castigar a la reina por haberme desobedecido?”, se preguntó.<br/>Los consejeros del rey tuvieron una idea. “Si las demás mujeres se enterasen de lo que ha hecho la reina, podrían tratar mal a sus maridos”, señalaron. “Envíala lejos de aquí y busca otra reina que te ayude a gobernar tu reino”. Y el rey hizo justamente eso. – Número de diapositiva 2
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Pronto, jóvenes hermosas de todas las ciudades empezaron a llegar al palacio para presentarse ante el rey. La que más le gustara se convertiría en la nueva reina.<br/>Entre los cortesanos influyentes había un hebreo llamado Mardoqueo. Era de la tribu de Benjamín, una de las Doce Tribus de Israel. El rey Nabucodonosor había apresado a la familia de Mardoqueo en Jerusalén y la había llevado de vuelta a Babilonia, una tierra que más adelante se conocería por el nombre de Persia. Muchos hebreos aun vivían allí.<br/>Cuando Mardoqueo supo que el rey buscaba una reina, llevó a su joven y hermosa prima al palacio. Su nombre era Hadasa, pero todos la llamaban Ester.<br/>Mardoqueo dejó a Ester bajo la custodia de Hegai, el hombre elegido por el rey para cuidar de las muchachas. Antes de abandonar el palacio, Mardoqueo le dio a Ester unas instrucciones especiales: “Pase lo que pase, no le digas a nadie que eres hebrea, o quién soy yo”. <br/>Ester asintió: “Te prometo que no diré nada”. – Número de diapositiva 3
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Durante ese año, Ester y las otras jóvenes residieron en palacio y se prepararon para conocer al rey. Se bañaron con perfumes dulces y aceites finos. Y todos los días se peinaban hasta que su cabello relucía como la superficie de una piedra pulida. “¿Seré la elegida por el rey?”, se preguntaba Ester. <br/>Transcurridos doce meses, las jóvenes finalmente estuvieron listas para conocer al monarca. Cuando llegó el turno de Ester, permaneció en pie frente a él y solamente dijo lo que Hegai le había indicado.<br/>Al rey Asuero Ester le gustó más que las otras pretendientes. Además de hermosa, también era muy sabia. El rey sabía que había encontrado a su novia. Colocando una corona real en la cabeza de Ester, la nombró reina como sucesora de Vasti. ¡El reino de Persia al fin tenía una nueva soberana! – Número de diapositiva 4
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Mientras Ester residía en el palacio, Mardoqueo pasaba bastante tiempo en la Puerta del Rey, que era una gran edificación cercana al palacio adonde la gente acudía para tratar asuntos de importancia y para esperar la audiencia real.<br/>Un día cuando, Mardoqueo estaba sentado en dicho lugar, escuchó a dos hombres que conspiraban para matar al rey Asuero. Peor aún, estos hombres eran sirvientes del rey.<br/>Mardoqueo era un súbdito leal del rey. ¡Tenía que hacer algo, y rápido! Envió un mensaje urgente a Ester contándole la maquinación de los sirvientes para que pusiera sobre aviso al rey.<br/>El rey Asuero estaba horrorizado. “¡Cómo se atreven mis sirvientes a planear mi asesinato!”, exclamó. Los dos hombres fueron arrestados y ahorcados, <br/>y el relato de lo sucedido quedó registrado en las crónicas del reino. Pero Mardoqueo no recibió ninguna recompensa. – Número de diapositiva 5
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El rey Asuero no podía gobernar el Reino de Persia él solo, de modo que eligió a un hombre llamado Hamán para ayudarle a tomar decisiones importantes. “Todos en el reino deben arrodillarse ante Hamán y hacer lo que él diga”, manifestó el rey. <br/>Hamán era cruel, despiadado y orgulloso. Cuando pasaba por la Puerta del Rey en Susa, todos se postraban ante él. Todos menos Mardoqueo, quien se justificaba de la siguiente manera: “Yo soy hebreo. Yo sólo me arrodillo ante Jehová, el Dios de Abraham, Isaac y Jacob”.<br/>Hamán era descendiente de los amalequitas, viejos enemigos de los hebreos. Por eso decidió matar a Mardoqueo. “Si este hombre no se arrodilla ante mí, lo destruiré a él y a todos los hebreos de este reino”, se dijo. – Número de diapositiva 6
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Hamán empezó a imaginar distintas maneras de destruir a los hebreos. Trazó un plan horrible. Ejecutando una reverencia ante el rey Asuero, le dijo: “Hay personas en tu reino que siguen sus propias leyes. No observan las tuyas y generan problemas. Si los destruyes, llenaré de plata el tesoro real”.<br/>Sentado en su alto trono, el rey Asuero escuchó atentamente. Luego se quitó un anillo y se lo entregó a Hamán, diciéndole: “Encárgate de esas personas como creas conveniente”.<br/>Hamán sonrió de forma perversa. El anillo del rey le daba autoridad para hacer lo que quisiera. No podía creer su buena suerte.<br/>Antes de que el rey pudiera cambiar de opinión, Hamán promulgó una nueva ley que establecía que en el plazo de un año se debía exterminar a todos <br/>los hebreos (viejos y jóvenes, mujeres y niños), cuyas pertenencias serían confiscadas. – Número de diapositiva 7
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Cuando Mardoqueo se enteró de la aprobación de la nueva ley, se enfundó una tela de saco y se cubrió con cenizas para demostrar que estaba triste, y caminó por la ciudad llorando a gritos hasta llegar a la puerta del rey. Sabía que los hebreos tenían un gran problema.<br/>Ester escuchó que Mardoqueo estaba fuera, en la Puerta del Rey, y envió a un sirviente para hablar con él. Mardoqueo relató al sirviente todo lo acontecido y también que Hamán había prometido pagar una gran suma de dinero al rey.<br/>Mardoqueo entregó al sirviente una copia de la ley. “Llévale esto a Ester”, le ordenó. “Dile que acuda al rey y le pida que perdone su vida y la de su gente”. – Número de diapositiva 8
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Ester tenía miedo de presentarse ante el rey. Envió un mensaje a Mardoqueo: “A quien se acerque al rey sin su permiso se le aplicará la pena de muerte, a menos que el rey le tienda su cetro de oro”.<br/>Aunque la vida de Ester corría gran peligro, Mardoqueo sabía que no existía otra manera de salvar a los hebreos. Pidió al sirviente que le dijera a Ester: <br/>“No pienses que te salvarás por ser la reina. Debes suplicar al rey que salve a nuestro pueblo. ¿Quién sabe si no has llegado al trono precisamente para un momento como éste?”.<br/>Esa noche, Ester contempló Susa desde su balcón. El corazón le latía desbocado por el miedo. ¿Debía arriesgar su vida para salvar a su gente?<br/>Finalmente, se decidió a hacerlo. Envió un mensaje a Mardoqueo. “Reúne todos los hebreos de Susa”, decía el recado. “No comas ni bebas durante tres días. Mis sirvientes y yo haremos lo mismo. Luego iré a ver al rey. Si muero, que así sea”. – Número de diapositiva 9
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Tres días después, Ester se vistió con sus mejores atavíos y se adentró en el palacio para ver al rey. Tenía aún más miedo que antes.<br/>Pero Ester no tenía de qué preocuparse. Cuando el rey vio a su bonita esposa, se sintió feliz. Extendió su cetro de oro y le dijo: “¿Qué quieres? Te daré lo que pidas”.<br/>Ester se sintió muy aliviada. Se acercó y cuidadosamente tocó el cetro de <br/>oro. “Por favor, acude a un banquete que he preparado para ti”, le dijo. “Y que venga Hamán también”.<br/>Más tarde, el rey y Hamán asistieron al banquete de la reina. Durante la cena, el rey preguntó a Ester: “¿Qué deseas?”. Ester respondió: “Ven con Hamán a otro banquete mañana. Te lo diré entonces”. – Número de diapositiva 10
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Hamán hinchó su pecho. Estaba orgulloso de comer y beber vino con el rey de Persia. Cuando llegó a su casa, alardeó de su grandeza ante su mujer y sus amigos.<br/>“La reina me ha invitado a otro banquete”, anunció. Luego se acordó de Mardoqueo y suspiró: “Pero nada de esto tiene valor mientras ese hombre siga con vida”.<br/>La mujer de Hamán tuvo una idea siniestra. “¿Por qué no construyes una estructura de madera?”, sugirió. “Mañana pídele al rey permiso para ahorcar a Mardoqueo en ella. Luego podrás ir al banquete y ser feliz”.<br/>Hamán se frotó las manos. “¡Qué buena idea!”, exclamó con regocijo. “Haré lo que has dicho”. De inmediato ordenó fabricar un patíbulo. – Número de diapositiva 11
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Esa noche, el rey se desveló en el dormitorio real. No podía dormir. Para pasar el tiempo, pidió a sus sirvientes que le leyeran el libro de actas. Cuando un sirviente leyó que Mardoqueo había salvado la vida al rey, éste preguntó: <br/>“¿Qué recompensa obtuvo?”.<br/>“Nada en absoluto”, contestó el sirviente.<br/>Ese mismo momento, Hamán llegó al palacio para ver al rey. Pero, antes de que pudiera pronunciar una sola palabra, el rey le preguntó: “¿Cómo podría recompensar a un hombre al que quiero honrar?”.<br/>Hamán se vanaglorió, al creer que el rey hablaba de él. “¡Ese hombre es un héroe!”, dijo. “Vístelo con túnicas reales, cíñele una corona a su cabeza y paséalo montado a caballo por toda la ciudad”. – Número de diapositiva 12
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Hamán se sorprendió mucho cuando el rey le ordenó: “Haz eso con Mardoqueo”. Hamán miró al rey, asombrado. No podía creerlo. ¡Aquello no era lo que él había planeado!<br/>Hamán no tenía otra opción que obedecer al rey. A regañadientes, vistió a Mardoqueo con túnicas finas, colocó una corona de oro sobre su cabeza y lo guió montado a caballo por las calles de Susa.<br/>Primero desfilaban los cornetas, seguidos por quienes ondeaban abanicos y por un pequeño grupo de soldados a pie. Tras ellos venía Mardoqueo, a lomos del mejor caballo del rey.<br/>La gente llenó las calles para contemplar a Mardoqueo. “¡Éste es el hombre al que honra el rey!”, gritó Hamán a la multitud. La gente se rió. Todos sabían que Mardoqueo caía muy mal a Hamán. – Número de diapositiva 13
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Más tarde ese mismo día, Hamán y el rey acudieron al banquete que Ester había preparado. Mientras comían y bebían, el rey volvió a preguntar a Ester: “¿Qué deseas? Te daré lo que quieras”.<br/>Ella respondió: “Alguien quiere destruirme a mí y a todos los hebreos del reino. Por favor, salva nuestras vidas”. El rey se sorprendió. “¿Quién querría hacer <br/>tal cosa?”, exclamó. Ester señaló a Hamán, diciendo: “¡Nuestro enemigo es el malvado Hamán!”.<br/>“¿Qué?”, estalló el rey. Posó de un golpe su copa de vino sobre la mesa. “¿He sido engañado por mi fiel servidor?” Se levantó de la mesa y abandonó la estancia.<br/>La cara de Hamán palideció. Empezó a temblar del miedo. Sabía que estaba en grandes problemas. Se arrojó a los pies de Ester, suplicando por su vida. “Por favor, no me mates”, gimió. – Número de diapositiva 14
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Pero era demasiado tarde. Cuando el rey Asuero regresó al banquete y <br/>fue informado de que Hamán había construido una horca para usarla con Mardoqueo, dijo: “¡Colgad a Hamán en ella!”. Y así fue cómo el malvado Hamán murió ese día, en cumplimiento de las órdenes del rey.<br/>Ese mismo día, el rey entregó a Ester la casa de Hamán y todas sus pertenencias. Luego se quitó el anillo especial y lo depositó en la mano de Mardoqueo. “Eres un buen hombre”, dijo el rey, “y necesito que me ayudes a gobernar mi reino”<br/>Colocó una corona de oro sobre la cabeza de Mardoqueo y lo engalanó con un exquisito ropaje de lino. Desde ese día en adelante, Mardoqueo fue un personaje importante y poderoso en el reino de Persia. <br/>Ester no olvidaba que los hebreos corrían un gran peligro. Con lágrimas en los ojos lagrimosos, se postró ante el rey y le suplicó que salvara sus vidas. – Número de diapositiva 15
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El rey Asuero aceptó inmediatamente anular la condena contra los hebreos. Redactó una nueva ley que les autorizaba a defenderse de sus enemigos. Veloces mensajeros a caballo repartieron copias de la ley por todas las provincias del reino.<br/>Cuando la noticia llegó a los hebreos, su alegría fue incontenible. Organizaron una gran fiesta para celebrar su salvación. El día de ese año en que iban a ser ajusticiados, ocurrió justo lo contrario. En pueblos y ciudades de toda Persia, los hebreos unieron sus fuerzas y destruyeron a sus enemigos.<br/>Para celebrar esta victoria, Ester y Mardoqueo enviaron cartas a todos los hebreos del reino, pidiéndoles que se acordaran siempre del día en que habían derrotado a sus enemigos. Jehová había usado a la reina de Persia para salvar a Su pueblo. – Número de diapositiva 16
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©Bible Pathway Adventures – Número de diapositiva 17