Usamos cookies para recopilar estadísticas generales de visitantes, pero no información personal. política de privacidad
1
¿Acaso se debe nacer en una familia real para llegar a ser rey? ¡No cuando Dios es quien manda! Hace mucho tiempo, vivió un joven pastor llamado David a quien Dios había elegido para convertirse en rey de Israel. Dios quiso comprobar que había escogido al hombre adecuado para aquel trabajo. Antes de llegar a ser rey, David se enfrentó a muchas pruebas y corrió muchas aventuras emocionantes.<br/>En aquel entonces Israel tenía un rey desobediente llamado Saúl. Saúl ganó muchas batallas, pero había dejado de escuchar a Dios. Un día, su ejército venció a un enemigo feroz: los sanguinarios amalequitas. En lugar de aniquilar a los supervivientes (personas y animales) como Dios le había ordenado, Saúl se quedó con las mejores ovejas y vacas de los enemigos.<br/>“Mantened con vida al rey de Amalec”, ordenó Saúl a sus soldados, “será nuestro prisionero”. – Número de diapositiva 1
2
Dios estaba muy decepcionado con el comportamiento de Saúl. Sabía que si Saúl perdonaba la vida a las personas y a los animales, los amalecitas atacarían a los israelitas nuevamente. Dios deseaba obediencia, así que habló con su profeta Samuel.<br/>“Me arrepiento de haber nombrado rey a Saúl”, dijo Dios a Samuel. “Me ha dado la espalda y ha desobedecido mis órdenes. Es hora de que Israel tenga un nuevo rey”. Samuel sabía que Dios hablaba en serio. Sabía que Dios le quitaría el reino a Saúl. Samuel se cubrió la cara con las manos y lloró.<br/>“Samuel, deja de llorar por Saúl”, le dijo Dios. “Consigue un poco de aceite de oliva y ve a Belén. Cuando llegues allí, busca a un hombre llamado Isaí. He elegido a uno de sus hijos para que sea el próximo rey”.<br/>Pero Samuel estaba preocupado. “¡Si Saúl llegara a enterarse de que estoy buscando un nuevo rey, me mataría!”, exclamó. Puede que Samuel fuese un profeta importante, pero Saúl era aún un rey poderoso. “No te preocupes”, le dijo Dios. “Lleva un becerro contigo y explica que estás allí para ofrecerme un sacrificio. Invita a Isaí a la comida y después te diré qué hacer”. – Número de diapositiva 2
3
Samuel era un profeta obediente y marchó rápidamente hacia Belén. Al llegar a las puertas de la ciudad, los jefes del pueblo corrieron a recibirlo. “¿Por qué estás aquí?”, —preguntaron con voces temblorosas. “¿Llegas en son de paz?”. Tenían buenas razones para estar nerviosos. Samuel no solo era profeta, también era juez y comandante del ejército. ¡La gente sabía que no debía meterse con Samuel!<br/>“No temáis”, les dijo Samuel. “He venido a ofrecer un sacrificio a Dios. Preparaos y acompañadme a la comida”. Samuel invitó a Isaí y a sus hijos al sacrificio. <br/>“Dios elegirá al próximo Rey de Israel de entre tus hijos”, —le confió a Isaí en privado.<br/>Cuando Isaí y sus hijos llegaron, Samuel se fijó en Eliab, el hermano mayor. <br/>“Este hombre es alto y bien parecido, tiene porte de rey”, pensó el profeta. <br/>“Éste debe de ser el hombre que Dios ha escogido”. – Número de diapositiva 3
4
Pero Dios pensaba de otra manera. “Ignora lo bien parecido que es Eliab”, dijo Dios. “Él no es el próximo rey. Yo no contemplo el exterior de una persona, sino que miro su corazón”.<br/>Uno tras otro, Isaí hizo pasar a sus hijos al patio para presentárselos a Samuel. Pero en todas las ocasiones Dios dijo que no. “Dios no ha elegido a ninguno de estos siete hombres”, manifestó Samuel sacudiendo la cabeza. “¿Tienes algún otro hijo?”.<br/>“—Mi hijo menor, David, está cuidando las ovejas”, dijo Isaí, señalando una colina pedregosa cercana. “¿Cómo podría ser él un rey?”<br/>Samuel vio a David a través de la ventana y sonrió. Sabía que aquél era el hombre que Dios había elegido para ser el siguiente rey de Israel. “Dile que venga a verme”, pidió Samuel emocionadamente. “Comeremos cuando esté aquí”. – Número de diapositiva 4
5
David bajó con rapidez por un accidentado sendero y corrió hacia la casa para saludar a Samuel. El chico era muy fuerte y apuesto, con pelo rojo corto y un brillo especial en sus ojos. “Samuel, levántate y úngelo”, ordenó Dios, “¡porque es el elegido!”.<br/>Samuel tomó su cuerno con aceite de oliva y lo vertió cuidadosamente <br/>sobre la cabeza de David para indicar que sería el próximo rey de Israel. Inmediatamente, el Espíritu de Dios entró en David.<br/>Los hijos de Isaí se miraron frunciendo el ceño. ¡No sabían que pensar! ¿Por qué su hermano pequeño era consagrado rey de Israel y no uno de ellos? Samuel no les dio ninguna respuesta. Su trabajo estaba hecho. Israel tenía un nuevo rey. – Número de diapositiva 5
6
El Espíritu de Dios abandonó al rey Saúl por ser desobediente. En su lugar, un espíritu malvado le poseyó y le atormentaba de día y de noche. Nada parecía calmar la mente de Saúl. Sus sirvientes iban de un lado para otro preguntándose qué hacer.<br/>“Encontremos a alguien que toque el arpa”, sugirió uno de ellos. “Quizás la música te ayude a descansar”. Saúl se encogió de hombros. No sabía por qué aquel espíritu malvado se había apoderado de él.<br/>“Uno de los hijos de Isaí de Belén sabe tocar el arpa”, intervino otro de los sirvientes. “Es un hombre valiente que ama a Dios. Se llama David”.<br/>Saúl envió un mensaje a Isaí: “Mándame a tu hijo David, el que toca el arpa”. Isaí hizo que David acudiera al palacio real inmediatamente. Después de todo, ¡no se le podía negar algo al rey de Israel! A partir de ese día, cuando el espíritu malvado torturaba a Saúl, David se sentaba al lado del rey y tocaba su arpa. – Número de diapositiva 6
7
No muy lejos, el poderoso ejército filisteo afilaba sus espadas. Nadie quería <br/>a los filisteos. Eran malvados y crueles, y muy aficionados a una buena pelea. Saúl sabía que los filisteos odiaban a los israelitas y lo ponían nervioso. Reunió a sus soldados y rápidamente se preparó para la batalla.<br/>Los israelitas aún no lo sabían, pero los filisteos tenían un guerrero temible en sus filas. Se llamaba Goliat ¡y era tan alto como una casa! Todos le temían y nadie se le acercaba. Goliat sabía que era más fuerte que cualquier hombre en Israel. – Número de diapositiva 7
8
“¿Qué hacéis aquí, israelitas diminutos?”, gritó Goliat, hinchando sus enormes músculos. “Si os atrevéis, elegid a uno de vuestros hombres para que pelee conmigo. Si vuestro guerrero me vence, seremos vuestros esclavos; pero si gano yo, vosotros seréis esclavos nuestros”.<br/>Saúl y sus hombres temblaban de miedo. No estaban acostumbrados a pelear con alguien tan enorme como Goliat. ¡Hasta la tierra se estremecía cuando caminaba sobre ella!<br/>Mientras tanto, en Belén, Isaí le dijo a David que fuera a visitar a sus hermanos, quienes servían como soldados en el ejército de Saúl. “Llévate este pan y este queso y dirígete al Valle de Elah”, indicó a su hijo. “Averigua si tus hermanos están bien y regresa para comunicármelo”. – Número de diapositiva 8
9
A la mañana siguiente muy temprano, David saltó de su cama, agarró el saco con los alimentos y marchó a cumplir con lo que su padre le había ordenado. Llegó al campamento justamente cuando los soldados marchaban hacia el campo de batalla.<br/>David dejó caer el saco y corrió hacia el frente para saludar a sus tres hermanos. Nunca se había visto tan cerca del enemigo y estaba emocionado. Cruzó sus brazos y miró fijamente a los filisteos.<br/>¡Cómo se atreven a destruir a los israelitas! – Número de diapositiva 9
10
“¿Por qué seguís en formación?”, gruñó Goliat, mostrando los dientes. Llevaba cuarenta días amenazando a los israelitas y se estaba impacientando. “¡Venid y pelead conmigo, cobardes!”.<br/>Los israelitas ya se habían acostumbrado a escuchar las amenazas de <br/>Goliat, pero aun así estaban aterrorizados. ¡Todos corrieron de regreso al campamento, y hasta las rodillas del Rey Saúl flaqueaban de miedo! “¡Ese gigante es un monstruo!”, se lamentaron los soldados—. “¡Si lográramos matarlo, conseguiríamos la recompensa que el rey nos prometió!”.<br/>David se giró y miró fijamente a los soldados. “¿Cuál es el premio por matar a Goliat?”, preguntó. “Además, ¿quién es este filisteo que se atreve a desafiar al ejército del Dios viviente?”.<br/>Los soldados explicaron a David el desafío de Goliat. Y le dijeron lo que Saúl había prometido al hombre que matara a Goliat: “El rey te daría a su hija <br/>en matrimonio y trataría a tu familia de manera especial”. David sonrió. Le interesaba el premio del rey. – Número de diapositiva 10
11
“¿Por qué estás aquí, cobarde?”, protestó Eliab, tocando con su lanza el pecho de David. “Deberías estar cuidando las ovejas. No eres un guerrero. ¡Solo has venido a ver el combate!”.<br/>“¿Que he hecho ahora?”, volviéndose hacia los soldados. “Solamente he formulado una pregunta”. Ignoró a su hermano mayor y continuó hablando con los hombres. En su corazón, él quería ayudar a salvar a Israel de los filisteos. – Número de diapositiva 11
12
Cuando el rey Saúl se enteró de la valentía exhibida por David, lo hizo llamar. David dijo al rey: “¡Nadie debería temer a ese filisteo, yo iré y pelearé con él!”.<br/>“¿Cómo vas a pelear con él?”, se extrañó Saúl, mirando a David de arriba a abajo. “Él es un gran guerrero y tú solo eres un muchacho”.<br/>“He matado leones y osos para proteger las ovejas de mi padre”, aseguró David. “Dios me ayudará a acabar con ese gigante, ¡espera y verás!”. El rey Saúl suspiró y se rascó la barba. No estaba seguro de cómo enfrentarse a Goliat. <br/>¿Sería David la solución? – Número de diapositiva 12
13
“Bien”, dijo finalmente Saúl a David, “ve a pelear con el gigante y que nuestro Dios esté contigo”. Le colocó un casco de bronce en la cabeza y le entregó una armadura para que se vistiera con ella.<br/>El corazón de David latía muy rápido. Tomó una lanza y caminó hacia el campo de batalla, pero no llegó muy lejos. “¡No puedo utilizar esta armadura! Es demasiado grande y pesada”, lamentó. Se quitó el casco de bronce y le devolvió la armadura a Saúl. “No te preocupes, ¡tengo otro plan!”, le aseguró.<br/>David sabía que Goliat tenía cuatro hijos desagradables. Sujetando su bastón de pastor, recogió cinco piedras lisas de un arroyo cercano y las metió en su bolsillo. ¡Ahora estaba listo para la batalla! – Número de diapositiva 13
14
Con su honda en la mano, David caminó hacia Goliat. El gigante había esperado cuarenta días y estaba listo para pelear. “¿Soy un perro rabioso? <br/>¿Es por eso que llevas un bastón?”, rió Goliat—. “¿Por qué los israelitas no me envían a un verdadero guerrero con quien pelear?”. David hacía girar la honda lentamente mientras esperaba su momento.<br/>“Acércate más”, retaba el filisteo a David. “Abandonaré tu cadáver a los pájaros y a los animales para que se lo coman”. David miró a Goliat directamente a los ojos. “Viene contra con una espada y una lanza”, dijo David, “pero no me asustas. Porque me enfrento a ti en nombre del Señor, el Dios de este ejército”.<br/>Goliat estuvo a punto de atragantarse de ira. “¿Cómo se atreve este muchacho israelita a amenazarme?”. Pero David no había terminado: “¡Hoy Dios te convertirá en mi víctima! Voy a matarte y alimentaré a las aves y a todos los animales con los despojos de los filisteos. Entonces el mundo entero sabrá que en Israel hay un Dios”. – Número de diapositiva 14
15
Goliat ya había escuchado suficiente. Alzó su lanza y caminó hacia David. Nubes de polvo se levantaban a cada paso que el gigante daba, pero David no tenía miedo. Tomó una piedra de su zurrón, la colocó en su honda y la giró sobre su cabeza, haciéndola silbar. <br/>David apuntó al gigante y disparó. La piedra zumbó a través del aire como un cohete y golpeó a Goliat en el medio de su gran frente peluda. El filisteo se tambaleó y se derrumbó sin vida. ¡David había matado a aquel poderoso enemigo solamente con una honda y una piedra!<br/>Los soldados filisteos se quedaron mirando estupefactos. ¡No podían creer que el joven pastor hubiese matado a su gigante! – Número de diapositiva 15
16
David se colocó frente a sus enemigos. “¿Me creéis ahora?”, preguntó, con el cuerpo inerte de Goliat a sus pies. Desenvainó la espada al filisteo y le cortó la cabeza. “¡Dios nos ha entregado a Goliat!”, — exclamó alborozado el ejército Israelita. <br/>Cuando los filisteos vieron que su héroe estaba muerto, dieron media vuelta y corrieron tan rápido como pudieron. Pero los israelitas no los iban a dejar escapar tan fácilmente. Tomaron sus armas y persiguieron a los soldados filisteos hasta sus casas.<br/>David no se había olvidado de la cabeza de Goliat. La colocó bajo su brazo y la llevó de regreso a Jerusalén. – Número de diapositiva 16
17
Saúl estaba muy complacido con David. “De ahora en adelante, trabajarás para mí”, afirmó, colocando una mano sobre el hombro de David. “Eres un soldado, no un pastor”.<br/>En todo Israel se cantó, se bailó y se tocaron los tambores. Aquella victoria demostró que Dios estaba con ellos. ¡Habían derrotado a los poderosos filisteos! – Número de diapositiva 17
18
©Bible Pathway Adventures – Número de diapositiva 18